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MADRID Y LOS VIAJES DE AGUA EN EL TIEMPO MADRID Y LOS VIAJES DE AGUA EN EL TIEMPO
Invitamos a nuestros lectores a realizar un viaje a través del tiempo para ser testigos de la evolución del servicio de abastecimiento de aguas en la capital, así como del alcantarillado, lo que se remonta a mediados del siglo XIX. Fernando García Anadón será nuestro guía de excepción durante los próximos minutos.
Después de la Guerra Civil (1936-1939), para paliar las prolongadísimas restricciones de agua se siguieron construyendo nuevas infraestructuras, como un segundo depósito elevado del Canal de Isabel II, de 40 metros de altura y capacidad para 3.600 metros cúbicos (1946); se ampliará notablemente la red de distribución de la Hidráulica Santillana (1965) y entrarán en servicio las conducciones del nuevo Pantano del Atazar para garantizar el suministro de agua (1966). Hasta mediados del siglo XIX Madrid no tuvo red de evacuación o alcantarillado. Tan sólo contaba con ocho minas o pequeñas galerías que recogían las aguas de lluvia y las pequeñas inmundicias que podían tragarse los sumideros. La suciedad de las calles, el mal olor y la propagación de epidemias como el cólera, llevó a las autoridades municipales a encomendar al Canal de Isabel II la construcción del alcantarillado, aprovechando que estaba removiendo el subsuelo de la ciudad para acometer el suministro de agua. En 1856 comenzaron las obras del alcantarillado de buena parte del casco histórico, aprovechando las dos vertientes de escorrentía que a este y oeste tenía el solar de la ciudad. Nueve años después, el buen ritmo de las obras había permitió construir 92 kilómetros de alcantarillas, bien provistas de pozos de registro y sumideros, con sus correspondientes acometidas a 1603 casas. En 1865, las obras, ya bajo la tutela del ayuntamiento, se fueron paralizando y tan sólo se construyó el tramo del Paseo de Recoletos (1867). Los grandes perjudicados fueron los barrios del sur que se quedaron sin alcantarillas. En este estado se encontraba la red cuando en 1885 se desató una epidemia de cólera que arrojó un trágico balance de víctimas. A raíz de estos acontecimientos las autoridades municipales decidieron retomar las obras y hasta el año 1898 se construyeron 12,8 kilómetros más de alcantarillado. Dos años después, ya con el nuevo siglo, se construyeron tres grandes colectores aprovechando las cuencas naturales de los ríos Manzanares, Abroñigal y Carcabón, pues hasta entonces las alcantarillas vertían sus residuos a cielo abierto antes de llegar a los cauces de los ríos. Estos grandes colectores recogerían las aguas negras de otros 32 colectores secundarios que se construirían por toda la ciudad. A la altura de 1928 Madrid tenía 425 kilómetros de colectores que sumados a las alcantarillas ascendían a algo más de 500. Sin embargo, algunos distritos del sur como Latina e Inclusa todavía seguían evacuando sus residuos a través de pozos negros y fosas sépticas, situación que se irá subsanando después de la Guerra Civil (1936-1939). La modernización de los sistemas de abastecimiento de agua y de alcantarillado en las primeras décadas del siglo XX pasaba necesariamente por encauzar adecuadamente el río Manzanares, para mejorar sus condiciones sanitarias y su aspecto sucio y poco saludable. Con este propósito, en 1912 el Ministerio de Fomento encargó al Canal de Castilla y Canalización del Manzanares las obras de canalización y saneamiento del tramo río que discurría por suelo urbano. El proyecto fue realizado por el ingeniero Eduardo Fungairiño y tenía como objetivos canalizar el río, regularizando el cauce con una sección uniforme (cauce de doble lecho), y sanearlo mediante la construcción de dos grandes colectores subterráneos a ambas márgenes del río, para recoger y evacuar fuera de la ciudad las aguas residuales y pluviales. Las obras comenzaron el 17 de julio de 1914 y se prolongaron hasta el 30 de enero de 1925. En total se canalizó un tramo de río de 7.666 metros de longitud, es decir, entre el Puente de los Franceses y la desembocadura del arroyo Abroñigal, y se construyeron los dos grandes colectores que empezaban a 365 metros por encima del Puente de los Franceses. Durante la posguerra las autoridades municipales intentaron sin mucho éxito continuar las obras de canalización del Manzanares. Así, tras los intentos de 1943 y 1945, las obras finalmente comenzaron en 1948 con objeto de darle al río una sección de 40 metros de anchura y regular su caudal con un sistema de exclusas. Poco tiempo después se paralizaron y no fueron reanudadas hasta 1974, coincidiendo con la apertura de la avenida del Manzanares, cuyo trazado discurre hoy por la vía de circunvalación M-30. La recogida de las aguas tiene su origen en el interior de los edificios en las bajantes, que desembocan en un pozo general de recogida de bajantes y pueden llegar al colector directamente o a través de una acometida que es de propiedad privada aunque el ayuntamiento las puede inspeccionar. Dentro de las acometidas visitables las aguas han de estar entubadas y al colector llega sólo el tubo, no la galería, para que no se pueda entrar por ella al edificio. Los colectores, son túneles subterráneos que recorren la ciudad y recogen las aguas pluviales, fecales y residuales, estos colectores terminan en las depuradoras (hay 7 estaciones depuradoras) donde se depura la totalidad de las aguas y de estas a los ríos (excepto los vertidos de pozos negros), en Madrid, se vierte el 80% en la cuenca del río Manzanares y el 20% restante en la cuenca del río Jarama (la línea divisoria es el eje nudo norte Arturo Soria – Hermanos García Noblejas). El alcantarillado de Madrid no alberga ningún otro servicio por tanto no tiene luz ni comunicación con el exterior. El saneamiento es de tipo unitario, aunque el colector es común, la única diferencia es el punto de recogida que para aguas pluviales es el absorbedero y para aguas negras la acometida. El tamaño de cada colector dependerá del caudal que deba desaguar, pudiendo ser: No visitable, son colectores tubulares con un diámetro entre 0,20 y 1 metro, son los más pequeños y aproximadamente hay 1900 kilómetros. Se encuentran generalmente a una profundidad entre 1,5 y 4 metros. Visitable, pueden tener sección ovoide, rectangular abovedada, o circulares en gran diámetro (hasta 3metros), las dimensiones varían y la más frecuente es de 1,7 m de altura y 0,70 m de ancho, pueden tener o no andén para el paso de personas aproximadamente son 1.600 kilómetros. Se encuentran a una profundidad entre 5 y 14 metros (excepcionalmente las podemos encontrar a 40 metros). En las alcantarillas no visitables habrá un registro sobre la tubería a una distancia entre 20 y 30 metros, el registro sirve para inspeccionar y para limpiar y se sitúa en el centro de la calzada. En las visitables a un lado de la galería, el túnel de conexión se llama cerrojo. La evacuación de los desechos líquidos requiere una velocidad de arrastre suficiente para evitar inundaciones en caso de lluvias torrenciales, y para asegurar la limpieza de las canalizaciones por la propia fuerza de las aguas, e impedir la acumulación de desperdicios o eventuales obturaciones en la red conductora. Para ello se disponen los aliviaderos que dan salida al agua a partir de cierta dilución, al cauce público más próximo, directamente o a través de túneles que se llaman emisarios que en tiempo seco lógicamente no funcionan. La ventilación es necesaria porque el agua al fermentar produce cantidades importantes de gases de anhídrido carbónico, metano, compuestos de azufre… La ventilación se hace por medio de los absorbederos (que son los puntos de entrada de aguas de lluvia) y por medio de chimeneas en los tramos alejados. Depuración: Antes de verter al río, el agua pasa por una depuradora. La depuración de las aguas consiste básicamente en eliminar la materia orgánica del agua, mediante una serie de reacciones químicas y procesos mecánicos o físicos. El agua sucia o servida pasa por la arqueta de entrada y en primer lugar se realiza el debaste, que consiste en retirar los elementos de mayor tamaño del agua. A continuación se procede al desarenado porque el agua pierde velocidad y los sólidos en suspensión como la arena, se depositan. Luego se procede a la decantación que consiste en remover (apartar/retirar) el vertido para que no se depositen los materiales que lleva. Una vez realizados los procedimientos mecánicos, comienza el tratamiento secundario que es un tratamiento biológico que mediante unas bacterias y otros reactivos químicos reducen o eliminan la materia orgánica. La estación depuradora se sitúa a una altura superior a la de desagüe, para que actúe la gravedad y así ahorrar energía, esta agua no desemboca en la orilla sino que por medio de tuberías lo hace en el interior del río debajo de las poblaciones. De la depuración se obtiene, por una parte compost que son los fangos una vez espesados y secados del que se puede obtener por ejemplo abono orgánico que luego se utilizará para parques y jardines. También se obtiene gas (mayoritariamente metano), mediante un gasómetro, la procedencia se debe al proceso químico efectuado. En Tecnigral llevamos trabajando con el Canal de Isabel II más de tres años de forma ininterrumpida, realizando la asistencia técnica para los levantamientos topográficos de las instalaciones del alcantarillado gestionadas por el Canal y tenemos cuatro años más por la adjudicación de un nuevo contrato. El trabajo lo desarrollamos con verdadera ilusión pues sabemos de la importancia y necesidad de una buena red de saneamiento en una Ciudad como Madrid, a la que Tecnigral arropa también en otros proyectos donde el Medio Ambiente es el principal motor. Todo el levantamiento de los elementos que componen la red de saneamiento los enlazamos con la Red Geodésica Nacional o en su defecto con la Red Topográfica de Madrid. En el Ayuntamiento de Madrid, es el Área de Gobierno de Urbanismo, Vivienda e Infraestructuras (A.G.U.V.I.) quien provee de la base Cartográfica de todos los servicios municipales, a través del Departamento de Cartografía Urbanística. Este servicio cartográfico resulta fundamental en la georreferenciación en los procesos clave de la gestión municipal. Durante el año 2006 los trabajos relacionados con la elaboración, actualización y diversificación de los productos y servicios de cartografía y callejero municipales se centró, entre otras actuaciones, en la Red Topográfica de Madrid, que constituye el soporte geográfico preciso sobre el que se apoya toda la cartografía municipal. Su conservación y mantenimiento es imprescindible para garantizar la precisión de la cartografía. En el mencionado año 2006 se procedió a la revisión, restauración y ampliación de dicha red. La red consta de un total de 4.131 vértices, en coordenadas UTM ED-50 (sistema geodésico en el que se encuentra la cartografía oficial de España) y UTM-ETRS89, siendo este último el sistema geodésico que se está adoptando a nivel europeo por todos los países miembros y al que se está transformando toda la red nacional (red REGENTE). La Red Topográfica de Madrid es accesible vía internet desde el portal municipal, pudiendo descargar el usuario las reseñas de cada uno de los vértices que la componen. Este servicio ha venido a sustituir casi totalmente a la solicitud presencial de copia de estos datos, resultando mucho más eficiente para los usuarios. El apoyo de la nivelación es de vital importancia en estos proyectos de la red de saneamiento, se hace por un lado con la REDNAP, en el año 2001, el Instituto Geográfico Nacional puso en marcha el Proyecto para el Establecimiento de una Nueva Red de Nivelación de Alta Precisión (NAP) en la península y Baleares (REDNAP). La línea de la REDNAP que pasa por Madrid es la 311, con nombre Torrelodones –Ocaña. Se pueden utilizar por su proximidad un total de 13 vértices de esta Red por la zona oeste, Avenida de los Poblados, y por la zona sur carretera Nacional N-IV. La otra Red utilizada es la del Ayuntamiento de Madrid; en esta se han usado clavos normalizados de la Red Topográfica de Madrid tipo N. El eminente astrofísico británico Stephen Hawking cree que viajar en el tiempo es posible y que podría suponer la salvación futura de la humanidad. Ha declarado en numerosas ocasiones estar obsesionado con la idea de viajar en el tiempo, aunque es consciente de que dicho viaje solo puede darse hacia el futuro. El viaje del agua es más sencillo, como el propio Federico García Lorca decía: Agua, ¿dónde vas? riendo voy por el río a las orillas del mar. Mar, ¿a dónde vas? río arriba voy buscando fuente donde descansar. Chopo, y tú ¿qué harás? no quiero decirte nada yo….¡temblar! ¿qué deseo, qué no deseo, por el río, por el mar? ¡cuatro pájaros sin rumbo en el alto del chopo están!: Fernando García Anadón
 
  
 
 
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